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Un día de muertos en Oaxaca

Fotografía por Gabriel Rendón

Oaxaca de Juárez, La Verde Antequera, recibe el día de muertos de una forma cálida y festiva. La mezcla entre los españoles y las distintas culturas indígenas, que habitaron y habitan el valle de Oaxaca, hace surgir una mística fiesta, única en el país.

En ese día la familia se congrega en el Panteón General San Miguel o el hogar. Llegan los familiares ausentes… incluyendo los difuntos. En las casas se siente el olor de frutas, flores de muerto, chocolate, pan de yema, mole negro, el copal, una mezcla que conforma el sello de  la ofrenda, que se encuentra siempre en el corazón de la casa.

El sentido de la celebración de día de muertos es muy amplio. Es una herencia que nos dejaron nuestros antepasados y es también una manifestación de esperanza del cristianismo que confía en Dios. Las culturas Prehispánicas tenían elementos comunes: la creencia de que no todo termina con la muerte física y concepción de la muerte de dos formas, como desintegración de las partes del cuerpo y como una meta alcanzada en nuestra vida.

Para nuestras culturas indígenas y cristianas, los muertos nos visitan , pero no como fantasmas, sino amigablemente, pues su visita es sagrada.

La ofrenda tradicional debe contener los cuatro elementos  esenciales: agua, que representa la vida y el apaciguamiento de la sed de los difuntos después de su travesía, aire,representado por el papel picado, tierra, representada por la ceniza, nos recuerda  la fragilidad de nuestra vida “polvo eres y en polvo te convertirás” y fuego, luz, símbolo del amor eterno, llamada de triunfo, la representación de Cristo.

No hay rincón en la ciudad que no inspire a recordar a la único destino que compartimos todos, la muerte. El andador turístico este año luce 37 calaveras de gran formato decoradas por artistas plásticos oaxaqueños que plasmaron su forma de ver la muerte, entre ellos Andriacci, Ladrón de Guevara, Martínez, entre otros.

El panteón es durante este día el centro de la ciudad. Con sus 2355 nichos y 100 arcos iluminados por veladoras, grupos de danzas folclóricas y bandas de música, la capilla central que nunca se terminó, una feria en las afueras, grandes ofrendas y la alegría de los oaxaqueños son los que regalan esta magia a la noche de todos los santos, en espera de los difuntos, con quienes compartimos más que nuestros días de existencia.

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Fotografía por Gabriel Pérez Rendón

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  1. 5 noviembre, 2010 en 12:20 PM | #1

    Me gustaron mucho tus fotos!! :)

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