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Sentirnos orgullosos hace la diferencia…

Publicado el 18 de septiembre de 2010 en El Financiero.com.mx por participar en la convocatoria de reflexión sobre México en el Bicentenario.

El valor que primero debemos recuperar es precisamente el valor de ser mexicano. Sentirnos orgullosos de ser mexicanos es algo que se nos olvida o que rechazamos, y en cambio solo recordamos los malos momentos, o nos burlamos de los buenos.

Sentirse orgullosos es no solamente cuando el TRI anota un golazo, no solamente cuando disfrutamos de las playas de la Riviera Maya, ni solamente cuando gana nuestra Belleza México, Miss Universo. Además, ya está haciéndose costumbre que por cualquier lado, nos gane el lado negativo de la situación. Si perdemos porque perdemos, aún peor, si ganamos porque ganamos, el caso es que siempre terminamos desprestigiando a nuestro país y a nuestra cultura.

Tendiendo gente tan bonita, comida variada y llena de sabor, playas inigualables, artesanías originales y de gran calidad, es tristísimo que nosotros mismos no nos demos cuenta, pero personas ajenas lo sepan ver y apreciar. Artistas han dedicado CDs completos a nuestra patria, la fotógrafa italiana de fama mundial, Tina Modotti, se enamoró tanto de nuestro país, que vino a vivir a México y aquí murió, por dar solo un ejemplo.

Por otro lado, los mexicanos somos tan ocurrentes y creativos para solucionar muchos problemas, que es increíble que esos talentos no se exploten y aprovechen como su potencial lo llega a vislumbrar.

La ley del mínimo esfuerzo es el principio que rige nuestras vidas, “lo máximo que pueda obtener, trabajando lo mínimo” y eso solo hace que aumente el círculo vicioso. Así nos acostumbramos y mediocres nos etiquetamos de entrada, cuando somos capaces de brindar resultados inimaginables. La diferencia está en que nos la tenemos que creer, la capacidad la tenemos.

Ni del gobierno, ni de las grandes empresas, ni de los medios de comunicación, los grandes cambios nacen de cada una de las personas, cada uno de los habitantes de nuestro país.

Además, ¿De qué sirve quejarse por lo mal que nos ha ido? Si las cosas se arreglaran quejándonos, seríamos la primera potencia mundial, eso seguro. En cambio, cada quien debe hacer lo que le toca hacer. Desde respetar las señales de tránsito y tirar la basura orgánica e inorgánica en su lugar, hasta no construir ilegalmente, pagar los impuestos e ir a votar, para después buscar a nuestros representantes en el congreso y pedirles cuentas. Esos son algunos ejemplos de obligaciones como ciudadanos, lo mínimo que podemos hacer.

Pensar un poco en el bienestar del otro, tener empatía con nuestros conciudadanos, es el principio más básico para la construcción de nuestro país.

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